Special mention must be made of Rikard Sjöblom’s guitar work — incisive when required, lyrical when the narrative demands it. His solos heighten the emotional tension without overwhelming it. The vocals, shared among the group, find in Bravin a central axis; his voice has the rare ability to wring every last drop of emotion from a line, and more than once you may find yourself wondering how that speck of dust found its way into your eye.
The closing stretch is the kind that justifies an entire album. “Counting Stars” offers an almost intimate meditation on choosing one’s path and striving for greater heights; the transition into “Last Stand” builds the epic climax the story calls for. It is not an explosive ending in the obvious sense, but a resolution that returns both character and listener to the real world, changed by the experience.
“Inkwell Black” abre el telón con cuerdas y maderas de aire casi camerístico, una introducción delicada, inquietante, que funciona como el primer corte sobre la plancha. Desde ahí, “The Artist” despliega los temas líricos y melódicos que vertebran el álbum: presentación coral, cambios de dinámica, solos finales que no son exhibición sino declaración de intenciones. Es aquí donde el oyente entiende que no habrá escapatoria; una vez dentro, el viaje es completo.
“The Sharpest Blade”, con la voz principal de Clare Lindley, aporta una oscuridad folk que cala hondo. La melodía serpentea bajo un texto que habla de heridas invisibles y decisiones irreversibles. “Warp and Weft” es el laboratorio rítmico: métricas cambiantes, armonías que se entrelazan como urdimbre y trama, un ejercicio de virtuosismo que jamás cae en la pirotecnia vacía. Y cuando llega “Cut and Run”, el disco se permite un giro más rocoso, casi metálico en los riffs, recordándonos que el progresivo también puede morder.
La producción y el ensamblaje, a cargo de Alberto Bravin, son una hazaña en sí mismas. Centenares de ideas musicales enviadas por los miembros del grupo, destiladas y tejidas en poco más de sesenta minutos que fluyen sin fisuras. Se percibe una arquitectura pensada al milímetro: dieciséis cortes que funcionan como capítulos de una novela sonora donde los motivos reaparecen transformados, como ecos del propio viaje interior del protagonista.
Hay que detenerse en la guitarra de Rikard Sjöblom, incisiva cuando hace falta, lírica cuando el relato lo exige. Sus solos elevan la tensión emocional sin desbordarla. Las voces, compartidas, encuentran en Bravin un eje vertebrador: su timbre es capaz de extraer hasta la última gota de emoción de cada frase, y en más de un momento uno se descubre con la garganta anudada.
El tramo final es de esos que justifican un álbum entero. “Counting Stars” ofrece una reflexión casi íntima sobre la elección del camino y la aspiración a algo más alto; la transición hacia “Last Stand” construye el clímax épico que la historia reclama. No es un final explosivo en el sentido fácil del término, sino una resolución que devuelve al personaje y al oyente al mundo real, transformado por la experiencia.
Woodcut no es simplemente un conjunto de canciones: es una obra concebida como totalidad, exigente pero nunca pretenciosa, compleja pero siempre humana. Un triunfo colectivo que confirma que el tren no solo sigue en marcha, sino que atraviesa uno de sus paisajes más inspirados. Felicidades, de verdad.
Temas:
1. Inkwell Black 00:56
2. The Artist 07:15
3. The Lie of the Land 02:55
4. The Sharpest Blade 04:16
5. Albion Press 05:46
6. Arcadia 05:46
7. Second Press 00:36
8. Warp and Weft 03:44
9. Chimaera 05:37
10. Dead Point 05:28
11. Light Without Heat 03:22
12. Dreams in Black and White 02:33
13. Cut and Run 06:18
14. Hawthorn White 01:53
15. Counting Stars 05:40
16. Last Stand 03:34
Line-Up:
Alberto Bravin – lead vocals, acoustic and electric guitars, keyboards, Moog, Mellotron
Nick D’Virgilio – drums, percussion, keyboards, acoustic and 12-string guitars, vocals
Oskar Holldorff – grand piano, Wurilitzer and Fender Rhodes electric pianos, Hammond organ, Mellotron, synthesiszers, vocals
Clare Lindley – violin, acoustic guitar, vocals
Paul Mitchell – trumpet, piccolo trumpet, vocals
Rikard Sjöblom – 6 and 12-string guitars, Hammond organ, vocals
Gregory Spawton – bass, bass pedals, 12-string acoustic guitar, Mellotron, vocals